La revolución de los ‘ángeles del sueño’

Una de las primeras cosas que se pierden cuando se entra en un hospital es el silencio. En las habitaciones hay casi de todo. Hay esperanza, hay miedo, hay lucha y amor, pero pocas veces hay quietud y descanso. Un televisor, un teléfono que suena, un carro de curas renqueante y una molesta conversación en el pasillo. Siempre hay ruido de fondo. Sea la hora que sea. «¿Y si dejamos descansar a los pacientes?», se planteó un grupo de enfermeras del hospital Son Espases.

Una pregunta o pequeños gestos cambian el mundo… y son capaces de curar. Lo saben bien en la unidad de Urgencias del hospital de referencia de Baleares donde un grupo de trabajadores ha iniciado una revolución silenciosa para mejorar el descanso y el sueño de los pacientes. Han comprado 2.000 antifaces y 200 linternas, y se han puesto manos a la obra para hacer más cómoda la estancia de los enfermos.

 

Algo tan sencillo como mantener las luces apagadas por la noche, bajar el volumen de las alarmas, concentrar las curas en una misma hora y entrar con sigilo a las habitaciones está sentando las bases de una nueva forma de realizar los cuidados diarios. «Se trata de respetar las horas mágicas del sueño, de doce de la noche a seis y media de la mañana, para propiciar una mejor y más pronta recuperación del paciente», resume José Ángel Rubiño, el enfermero e impulsor de esta iniciativa en el servicio de Urgencias de adultos de Son Espases.

Coincidiendo con el Día mundial del Sueño, el pasado 15 de marzo, EL MUNDO habla con estos ángeles del descanso del hospital de referencia de Baleares. Son José Ángel Rubiño, Marta Pujals, Catalina Homar, Raquel Cruz, Verónica Bardal, Manuela Díaz, Sebastián Palma y Catalina Torrens. Su proyecto Respetando el sueño/descanso arrancó en febrero de este año en una primera fase donde se han centrado en verificar que la percepción del descanso entre los profesionales sanitarios está muy alejada de la realidad.

Los investigadores repartieron cuestionarios perceptivos a más de 40 médicos, 70 enfermeras, más de 60 auxiliares y unos 60 celadores, y confirmaron que la mayoría piensa que sus pacientes descansan bien. Cualquiera que ha estado ingresado sabe que no es cierto, y las encuestas a los enfermos lo han corroborado.

Manuela Díaz (auxiliar de enfermería) y José Ángel Rubiño.HUSE

Así que ahora se han puesto a medir la luz y el ruido en las salas y pasillos de la unidad de Urgencias de adultos, y han visto los niveles muy por encima de lo aconsejable por normativa europea. «Lo adecuado durante el día es que haya 500 lux cada 10 minutos y un ruido por debajo de los 45 decibelios, mientras que por la noche la iluminación se reduce a 20 lux y menos de 24 decibelios», recuerda Rubiño, que advierte de que no respetar el contraste lumínico entre el día y la noche puede alterar el ritmo circadiano y afectar al estado de alerta y cognición. «La idea es que sepan que de día es de día y de noche se respete la oscuridad». Así que tampoco vale apagar las luces de la habitación por el día, tras hacer una cura.

Los pacientes de urgencias son especialmente sufridos y soportan las consecuencias de estar ingresados en un servicio donde el ritmo es frenético. Muchas veces se pasan dos y tres días esperando subir a planta, debido a la saturación, y sufren continuas interrupciones del sueño. Que si la temperatura. Que si las constantes. Ahora la medicación. Luego las curas. Más tarde hay volver a tomar la temperatura… «No se hace de mala fe; es por la planificación del trabajo, que está organizada así y porque está centrada en la situación clínica del paciente, olvidando que tiene una necesidad importante como es el sueño», lamenta el experto. Por eso, reclama «un cambio de actitud» entre los profesionales implicados para conseguir que los enfermos disfruten de sus horas mágicas.

Según los expertos, lo que más interfiere en el bienestar y el descanso de los enfermos es el ruido nocturno. Por eso, el servicio de Urgencias quiere instalar dosímetros como medida de protección y vigilancia. «Estas orejas electrónicas se colocarán en sitios visibles para corregir el ruido tóxico e indicarán en qué nivel se encuentra poniéndose en rojo, amarillo o verde». Algo así como un semáforo de los ruidos molestos.

También se está trabajando la sensibilización de los trabajadores. Se les entrega un decálogo y se les explican todos los aspectos que han de tener en cuenta. Evitar luces innecesarias, reducir el ruido ambiental, programar bien los cuidados y preguntar las preferencias a los pacientes.

El siguiente paso será poner en marcha todas las medidas y centrarse «en tres focos», apunta Rubiño. La organización del trabajo (con pautas de día y de noche), la información a los pacientes y la implicación de los profesionales. «Queremos usar materiales, buena parte de ellos fundamentados en la literatura, pero también otros creados por nosotros», apunta el enfermero y psicólogo, que ha diseñado estos folletos informativos para unos y otros. Para los trabajadores queda claro que hay que silenciar dispositivos electrónicos, bajar el volumen al hablar y trabajar de forma silenciosa. A los pacientes se les dan normas para el sueño y técnicas de relajación.

También han previsto facilitar antifaces opacos a la luz y tapones auditivos. «Hemos pensado en poner unos apliques en los carros de fungibles para que el profesional de enfermería entregue este material a cada paciente cuando entre en la habitación, sin necesidad de hacer un trabajo añadido».

Y por último, las linternas. Otra arma necesaria. Las usarán por las noches para no encender las luces y alumbrarán únicamente el foco de trabajo, sin molestar a los enfermos.

A finales de año, los pacientes tendrán la última palabra. Darán su opinión después de pernoctar en las Urgencias con los ángeles del sueño y dirán si estas medidas les han ayudado a conciliar mejor el sueño. «El objetivo es que todo esto sirva para implantarlo en todos los servicios, que se perpetúe en el tiempo y que provoque un cambio», desea visiblemente emocionado el investigador, mientras posa con uno de los carteles pidiendo guardar silencio. «Shhhh».

Además de Son Espases, otros tres hospitales de Baleares se han comprometido con el descanso de los pacientes. Tanto el Hospital Joan March como Son Llàtzer y el Mateu Orfila de Menorca se han adherido al llamamiento de SueñON, una iniciativa que parte de un grupo de investigación de la Carlos III de Madrid que promueve entre los profesionales un compromiso para potenciar la investigación en cuidados y mejorar el sueño del paciente.

Baleares ya tiene 163 cuidadores del sueño inscritos. «Y ahora se quiere dar un paso más para que también se impliquen los pacientes», anima Clara Vidal, enfermera del Gabinete técnico de Atención Primaria de Mallorca y representante del grupo Investén de la Carlos III.

La experta destaca los beneficios para la salud que supone tener un buen descanso e insiste en que «no cuesta tanto» programar bien los cuidados para respetar al máximo el descanso y personalizarlo. «Es fundamental respetar totalmente las horas mágicas del sueño y no entrar en las habitaciones si no es imprescindible», remarca.

En el Joan March también llevan un tiempo cuidando el sueño. «Se adaptan los cuidados a los horarios de sueño y bajan la luz en las habitaciones durante la noche», cuenta Rosario Serra, enfermera de este hospital de enfermos crónicos.

Con estos pequeños gestos se dieron cuenta de que sus pacientes dormían mejor y «no se descontrolaban». Poco después apareció el proyecto SueñON y les animó a mantenerse en esa línea. «Confirmó que lo que hacíamos era adecuado, que tenía razón de ser y, por eso seguimos haciéndolo de forma más reglada», apunta Serra.

Desde las 12 de la noche y hasta las seis y media de la mañana no se oye un alma en el hospital. «Se evita entrar a las habitaciones y, si entramos, no se enciende la luz sino que llevamos linternas. En los pasillos, atenuamos la iluminación, se pide a los pacientes que apaguen la tele, bajamos el sonido de los timbres y también el ruido de control».

Aparte de estas medidas, las enfermeras del Joan March han hecho un estudio para averiguar cómo es el sueño en los ancianos ingresados en este centro sociosanitario. Con él se constató que el 88% se definía como «mal dormidor» pero cuando se les preguntaba por la calidad del sueño en general allí, la mayoría de pacientes (72%) reconocía que su sueño era bastante bueno o bueno, frente a un 22% que lo catalogó de malo o muy malo. «Hemos conseguido que tengan un sueño normal y sin interrupciones». Hay gestos que curan.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.